La Chakana

En los cielos del sur hay una constelación que no pasó, y pasa, desapercibida para los observadores del cielo nocturno, ya que era la guía para los caminantes del altiplano, marcando la dirección Sur y se la puede observar más de 9 meses al año. Es la constelación de la Cruz del Sur, o la constelación de la Chakana para nuestros pueblos andinos.  Con un culto milenario, desde hace 4000 años, su símbolo es una referencia al Sol y a la Cruz del Sur. Siendo objeto de observación desde los centros astronómicos ceremoniales o “Wakas”. Ya que de acuerdo a su posición en la esfera celeste, se determinaban diferentes épocas agrícolas.

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Durante la invasión hispana al Tawantinsuyu (territorio ocupado por el imperio Inca), los invasores hicieron todos suos esfuerzos para eliminar este culto, destruyendo los santuarios sagrados y las piedras talladas en forma de Chakana, reemplazando la Cruz Cuadrada o Tawa Chakana, por la cruz cristiana.

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Esto da origen a celebraciones como el día de la Vera Cruz, de la cruz cristiana, que atualmente se conoce como “Fiesta de las Cruces” o Festividad de la Cruz de Mayo.  Mientras nuestras culturas andinas festejan el día de la Chakana cada 3 de Mayo, mes de la “cruz” porque es el mes de la cosecha. En esta fecha se tiene la festividad de la “cruzvelacuy”, que continúa la milenaria costumbre de venerar a la constelación de la Cruz del Sur.

Su geometría

 

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Relato de un mito Amazónico

¿La noche?…no siempre existió, se dice que un hombre enamorado de una mujer que vivía siempre sumergida en el río para no mostrar se desnudez, porque la oscuridad no existía. Supo por unos pájaros  amigos que en una alta palma lejana vivía prisionera la noche.

Quiso liberarla. Tomó de la palma el coco y corrió hacia la mujer. En su carrera se quebró el fruto, del coco partido salió un humo: la noche y unas chispas: las estrellas. Regó el hombre entonces la oscuridad en su andar y creando la noche liberó a la mujer que pudo salir del río.

La noche ese momento para el amor. Y del amor, nació la Luna, haz de oro y que en el cielo se encendía.

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El Hombre Pájaro (Orión)

Orión, es una de esas constelaciones que puede ser reconocida fácilmente por todos nosotros. Representa ese cazador mitológico de la cultura griega. Con las tres estrellas de su cinturón, que muchos asocian con los reyes magos o cabritas; y junto a un par de estrellas en sus extremos, le dan forma a esta constelación.

 foto Alvaro José Cano

Pero nuestras antiguas culturas de América veían en este asterismo (unión aleatoria de estrellas) un Hombre Pájaro.  El vuelo, en un continente plagado de grandiosa diversidad de aves, adquiere una gran relevancia que lo lleva a una representación de como el espíritu puede transcender la condición humana. Por esto una de las múltiples representaciones simbólicas del arte precolombino de Colombia, es la imagen que hace referencia al Hombre Pájaro o Vuelo Chamánico. Las aves mayormente representadas son el cóndor, como el rey de los gallinazos, las águilas; el búho y la lechuza.

Esta representación del hombre pájaro, revive a un antepasado ave portador de la semilla del Sol que descendió de las estrellas hacia la Tierra para propiciar la fecundidad. Esto se aplica no sólo a las mitologías de las culturas precolombinas que habitaron la región de Colombia sino que igualmente este mismo simbolismo astronómico se encuentra en el arte de Centroamérica, Mesoamérica y Norteamérica.

Hombre pájaro

Pectoral orfebre de Hombre pájaro con atributos de búho, murciélago y jaguar. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 006029. Valle del Magdalena (Tolima).

Otra manera en la cual se ha visto representada la figura de Orión es la de reloj de arena. Dada por la tradicional cultura Tukano que habita la región del Vaupés.  Esta figura se muestra en sus tocados y demás indumentarias junto a la representación de hombre alado.

Orión como reloj de arena y hombre pájaro

Orión bajo la forma de reloj de arena. En el centro colgante orfebre de collar. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 002247. Valle del Magdalena (Tolima). Derecha: Colgante orfebre de collar. Orión, la constelación del Vuelo chamánico, Icono A. Museo del Oro, 002245. Valle del Magdalena (Tolima).

Adaptado del artículo: Hacia una visión astronómica del arte precolombino. Las aves y la seducción de las estrellas. De  Luz Myriam Gutiérrez Gracia y Manuel Alberto Torres Bombiel

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Otra semilla celeste. La Quinua

A propósito que este año 2013 ha sido declarado año internacional al cultivo de la Quinua. En reconocimiento a los pueblos andinos que han mantenido, controlado, protegido y preservado la quinua como alimento para generaciones presentes y futuras gracias a sus conocimientos tradicionales y prácticas de vida en armonía con la madre tierra y la naturaleza. Conozcamos algo de este ancestral cultivo.

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Quinua, nombre que en quechua significa “cereal madre“. Se reconoce en el mundo como un recurso natural alimentario de alto valor nutritivo, constituyéndose en alimento de calidad para la salud y la seguridad alimentaria de las actuales y futuras generaciones.

La Quinua es el cereal de mayor y más completa composición en aminoácidos que existen sobre el planeta. Las Lágrimas del Sol, como se le conoce comúnmente es el único cereal que posee los 21 aminoácidos que benefician al cuerpo humano. Y no engorda.

Esta semilla fue el alimento preferido por los Aztecas, Mayas e Incas, y con esta se han preparado los mejores alimentos para los viajes espaciales. Investigadores de la NASA consideran a la Quinua como un alimento excepcionalmente completo y balanceado, muy útil para ser utilizado por los astronautas.

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Semillas celestes: El chontaduro y el maiz (Emberá-Katio, Colombia)

Allá en el alto Baudó al sur del Chocó, una vez murió una joven indígena; su familia quedó muy triste y lloraba mucho.

Después de tanto llanto, dos de sus hermanas subieron a una gran montaña y mirando al sol querían morir ellas también. De pronto, se les apareció un ave blanca gigantesca que al instante se convirtió en êbêrâ, quien les preguntó que porqué lloraban tanto. Ellas le respondieron que por la muerte de su querida hermana. El êbêrâ ave, les dijo que no lloraran, que ella estaba en el bajá (en el cielo). Las mujeres exclamaron que querían ir a verla; entonces el êbêrâ ave se ofreció en llevarlas. Ellas incrédulas preguntaron: pero ¿cómo? El êbêrâ ave, les ordenó cerrar los ojos y abrió las alas y las hizo montar una a cada lado, advirtiéndoles que no abrieran los ojos y así las llevó por el aire hasta llegar a lo más profundo del bajá.

Al llegar, se bajaron del hombre pájaro y caminaron hasta un tambo enorme, y allí vieron a una anciana indígena con unos senos tan largos que le colgaban hasta las rodillas. El êbêrâ pájaro, les prohibió hablarle porque era un jai kachirua (espíritu malo). Las dos mujeres y el hombre pájaro siguieron caminando y fueron encontrando a su paso al parecer espíritus de êbêrâs conocidos que ya habían muerto.tambien encontraron a su hermana y a un hermano que habían matado algunos años. Ellas llenas de felicidad los iban a abrazar, el êbêrâ ave se los impidió, diciéndoles que no lo hicieran porque ellos eran espíritus. La permanencia en esta lugar, duró dos días.

Al regreso, vieron muchos cultivos de maíz y chontaduro que no se conocían en la tierra. Tomaron los frutos y los probaron y les pareció muy bueno. El êbêrâ ave, les advirtió que no fueran a robar ninguno de esos frutos porque eran semillas celestes, por lo cual el regreso podría ser peligroso. Haciendo caso omiso de esta advertencia, una de ellas guardó en su boca un grano de maíz y la otra una fruta de chontaduro. Después de esta hazaña, el êbêrâ ave las bajó a la tierra tal como las había subido.

Cuando llegaron a la tierra, les contaron a todos los êbêrâ sobre su aventura y dijeron también que en el bajá (cielo) estaban todos los êbêrâ ya fallecidos. Además mostraron las semillas: la del chontaduro y la  del maíz, las cuales fueron sembradas con mucho fervor.

Cuando los cultivos produjeron sus frutos, la comunidad sacó nuevas semillas y consumieron el resto. Estos frutos celestes fueron de ricura sinigual para los extraños paladares y fue  así como los êbêrâs adoptaron este regalo enviado por karakabarí.

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Plantas de chontaduro y maíz

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